¿Por qué no hace falta protegerse de la radiación Wi-Fi?

Hace unas semanas, el diario Cinco Días publicó un artículo sobre «cómo protegerse de la radiación Wi-Fi». La respuesta de su director a las llamadas de atención desde Escépticos ARP y Círculo Escéptico, tuvieron una respuesta ejemplar y contundente: retiraron el artículo, eliminaron el tuit con el que lo promocionaron y me invitaron a escribir sobre el tema.

Las lógicas limitaciones de espacio me obligaron a reducir mucho el rollo que tengo. He aquí el texto original y completo.

Seguro que alguna vez has escuchado eso de “apaga la Wi-Fi por la noche”. El mantra del miedo a lo tecnológico resuena cada día en muchos medios de comunicación. Pero ya te adelanto que puedes estar tranquilo pues, aunque moriremos todos, no será por culpa de la Wi-Fi ni de las radiaciones de los móviles. Antes de empezar, permíteme darte seis consejos si verdaderamente deseas proteger tu Salud y, luego, si quieres, sigue leyendo: 1) no fumes, 2) no bebas alcohol, 3) incrementa el consumo de frutas y verduras, 4) haz ejercicio, 5) no conduzcas y manejes el móvil al mismo tiempo y, por último, 6) no respires (sobre este último, haz lo que puedas).

El tiempo pasa volando y los teléfonos móviles y las Wi-Fi llevan más de 20 años con nosotros, por no hablar de la radio que lleva casi 100, y los datos epidemiológicos siguen sin alertarnos de ninguna pandemia mundial por sus terribles efectos sobre la Salud, como llevan otros tantos años agorando algunos. Aunque pueda parecer lo contrario, sabemos mucho sobre la exposición personal a campos electromagnéticos de radiofrecuencia, en particular a aquellas radiaciones producidas por móviles, antenas de telefonía, Wi-Fi, pero también radio FM, TV, teléfonos inalámbricos y un sinfín de dispositivos que nos hacen la vida un poco más fácil, o difícil, según se mire. Se ha estudiado a fondo la exposición a la que estamos sometidas las personas en nuestra vida diaria. Para ello se han desarrollado numerosos estudios con cientos de voluntarios que han portado durante, en algunos casos, hasta una semana, un exposímetro extremadamente preciso que registraba, en algunos casos cada 10 segundos, la intensidad de las diferentes señales que alcanzaban al individuo, de día y de noche, en su trabajo y en su casa.

Un reciente estudio científico… realmente se trató de una revisión sistemática de 21 estudios que proporciona, en el mundo de la Ciencia, una evidencia más fuerte que un estudio aislado… publicado en 2017… tras un proceso de evaluación anónimo de los resultados por parte de científicos independientes (revisión por pares)… en la revista Journal of Exposure Science and Environmental Epidemiology (factor de impacto 3,083 y revista 37 de 180 en su categoría)… describió la exposición personal a campos electromagnéticos de radiofrecuencia a la que estamos expuestos los europeos en nuestro día a día. Siento que la frase anterior sea tan larga, pero lo que se indica en ella, es sumamente importante en Ciencia, pues estoy describiendo cual es mi fuente de información, ya que no toda la evidencia científica tiene el mismo peso. Tanto o más importante que el resultado de un estudio son sus indicios de calidad, para empezar el tipo de estudio (aislado, in vitro, casos y controles, cohortes, revisión sistemática o metaanálisis). Además, no todas las revistas imponen las mismas exigencias a la hora de publicar ni tienen el mismo impacto; muchas incluso ni siquiera están indexadas en JCR (Journal citation report), la base de referencia de revistas científicas, o realizan ese proceso de revisión por pares anónimo. A los científicos, como a todo el mundo, nos gusta tener la razón y, para ello, lo mejor es recurrir a la evidencia con mayor fortaleza, no vale con que nos lo haya contado nuestro cuñado o lo hayamos visto en Ecoportal. Por todo lo anterior, puedo decir que el estudio del que hablo es relevante, riguroso y fiable. Como decía, se analizaron 21 trabajos científicos y concluyeron que, en exteriores, las principales fuentes de radiación, como era de esperar, son las antenas de telefonía móvil y, en nuestras casas, los teléfonos inalámbricos DECT, con un escaso aporte de las redes Wi-Fi. En el primer caso, los valores medios no fueron superiores al 0,013% del valor máximo recomendado por la agencia internacional para la protección frente a radiaciones no ionizantes (ICNIRP por sus siglas en inglés). En el segundo, en nuestras casas, la exposición personal no superó el 0,004%. Pero ¿quién fija y por qué esos valores? ¿La industria y las telefónicas? Pues no. La ICNIRP es una agencia independiente que, basándose en criterios y evidencias científicas, fija valores de exposición máxima con un factor de protección de entre 20 y 50. Esto es, conocidos los niveles a los cuales sabemos que estas radiaciones producen efectos, ICNIRP divide esos valores entre 20 o 50, fijando un límite de referencia al cual no podrán producirse. Para que te hagas una idea, el microondas en el que calientas la leche por la mañana, utiliza las mismas radiaciones que la Wi-Fi, pero a intensidades de hasta un millón de veces superiores, o lo que es lo mismo, a niveles de entre 5.000 y 10.000% de los límites ICNIRP. Tranquilo que está apantallado para que las fugas sean mínimas y, aunque te pongas pegado a su puerta, no notarás nada. Recuerda que la exposición personal en casa está en el 0,004%.

En resumen, los valores registrados en las casas europeas van de 0,1 a 0,4 V/m (usando unidades de medida de campo eléctrico) y el límite establecido por ICNIRP es de 61,5 V/m. Por tanto, estamos expuestos a niveles muy por debajo de los niveles de seguridad. Además, en casa, la principal fuente de radiación no es la Wi-Fi sino el teléfono inalámbrico, produciendo valores inferiores a los que encontramos en la calle. Pues bien, a pesar de que los niveles de exposición son tremendamente bajos y de que no existe evidencia que demuestre efectos sobre humanos en condiciones normales de exposición, son frecuentes los mensajes alarmistas contra las Wi-Fi, las antenas de telefonía, etc.

¿Por qué tanto miedo? ¿a quién le interesa fomentarlo? Al final, detrás de todos estos mensajes alarmistas contra antenas o Wi-Fi siempre me encuentro a alguien, casi siempre los mismos, que pretende vender algo para proteger nuestra Salud. ¡Aunque no haga falta! Así, lo último que he encontrado, después de píldoras o calzoncillos antirradiación, son los “routers eco”. El uso del “eco” podría tener sentido si el consumo de energía fuera muy reducido y tuviera una clasificación energética “A+++”, pero me temo que no es el caso. Es “eco” porque emite, según dicen, menos radiación que otros, sin que eso tenga que ser sinónimo de bueno ni, mucho menos, de saludable (otro término que debería estar prohibido en publicidad). El reclamo es falaz, porque se nos ofrece un producto que, según dicen, emite menos radiación para protegernos de algo de lo que no es necesario protegerse. Imagina gafas de sol para evitar los terribles efectos de la luz de las estrellas en una noche de verano. No te sorprendas, ya venden cremas “protectoras” frente a la luz de la pantalla del móvil. Hay tantos tontos como tonterías. Pero es que realmente, tener un router que emite menos, provoca una situación que no sé si han pensado. Al tener menos intensidad de señal, tendremos zonas sin cobertura en la casa o, al menos, zonas con menos intensidad de la señal, por lo que nuestros dispositivos (móviles, tablets y portátiles), que usamos muy cerca de nuestro cuerpo, “escucharán peor” y tendrán que “gritar más” o, lo que es lo mismo, emitir más radiación, para poder alcanzar a un router medio sordo y que habla muy bajito. En definitiva, estaremos incrementando la radiación producida por los dispositivos, al tiempo que reducimos la calidad y la velocidad.

En conclusión. No, no te preocupes de la Wi-Fi de tu casa o trabajo, tampoco de la del colegio de tus hijos. Aunque haya una pseudofundación y pseudoprofesionales interesados en vender miedo, y a hacer caja vendiendo servicios y productos, alertando insistentemente de los inexistentes peligros de las Wi-Fi. A los niveles habituales de exposición es imposible producir efectos sobre la Salud. Si alguien te dice “pero tampoco han demostrado su inocuidad” está demostrando que no sabe que en Ciencia no se pueden demostrar negaciones y, recuerda, que lo que nadie ha demostrado en décadas es que, a esos niveles, sean perjudiciales.