¿Serán los segovianos y los talaveranos conejillos de indias?

¡Sí, claro! ¡Y ojalá se hubiera elegido Albacete para el desarrollo de la 5G en España! Hasta 2020 se prevé la realización de diferentes pruebas de implantación, despliegue y desarrollo de la tecnología 5G en diferentes ciudades del mundo. En España, como ya he indicado en entradas anteriores, serán Segovia y Talavera de la Reina las elegidas para las pruebas por parte de Telefónica, que vende el proyecto como una oportunidad de desarrollo tecnológico única en Europa. Pero puedes estar tranquilo, que no, que no serán conejillos de indias en una especie de laboratorio maléfico… No sé qué piensan sobre cómo se desarrollarán esas experiencias piloto. Por lo que he escuchado, poco menos que todos los vecinos de Segovia y Talavera de la Reina morirán en un experimento salvaje en el que se soltarán fuentes radiactivas por ambas ciudades, convirtiéndolas en una Chernóbil o Fukushima más, ciudadanos irradiados indiscriminadamente y sin control a la espera de que desarrollen varios ojos o vayan muriendo lentamente…

Como he indicado ya, el estándar 5G está por desarrollar. Se conocen las frecuencias candidatas (700 MHz, 3,4 GHz, 27 GHz, lo mismo hasta 48 GHz), pero es preciso conocer cómo se comportarán las antenas, los haces y los terminales en condiciones reales: con edificios, paredes, semáforos, señales… y personas. Es preciso ir haciendo pruebas, con una o dos antenas, con dispositivos, a las frecuencias finales una vez se apruebe el estándar, pero en ningún caso se podrá emitir a intensidades superiores a la normativa o a los criterios ICNIRP. Las operadoras deben ir planificando el despliegue de las antenas en las mejores condiciones posibles, optimizando recursos y garantizando el mejor servicio.

«¡Ahí le hemos dado! Quieren hacer pruebas con nosotros para forrarse». Dirían seguramente, los organizadores de las «I Jornadas Científicas por el derecho a la salud«, esto es, los «Electro y químico sensibles por el Derecho a la Salud (EQSDS)» que tuvieron lugar el 16 y 17 de junio en Segovia. Empezaré por esta jornada, en particular por el final del programa de la Jornada donde se podía leer: «Autocuidado: chi kung para fortalecer el sistema inmune, Jim Shin Yjuntsu para desbloquear y equilibrar la circulación de la Energía, Alimentos fermentados para la salud». Nada más que añadir señoría. ¿Acaso un científico puede avalar estos contenidos? ¿Alguien especializado en este tema puede dejar que su nombre aparezca junto a la frase «desbloqueo y equilibrado de la circulación de la Energía»? En la Jornada participaron algunos científicos con excelentes currículums y avalados por numerosas publicaciones científicas. Algunos ponentes incluso extranjeros como Magda Havas, Annie Sasco o el mismísimo David O. Carpenter, conocido para algún lector asiduo de «radiandando» que lo recordará por el pseudo informe Bioinitiative. Me planteé una serie de dudas, alguna que transmití a los organizadores a través de su Twitter (@drchosaludEyQS) antes de que me bloquearan. Además de ¿por qué se mezcla equilibrado de energías y pseudociencia con 5G?, ¿cómo es posible que científicos avalen esos contenidos?, pero sin duda una pregunta que me sorprende que quedara sin respuesta: «¿quién pagó todo esto?» Varios ponentes extranjeros (viaje y alojamiento), no sé si honorarios, locales, publicidad, etc.

Creo que es tremendamente irresponsable promover el miedo con referencias sesgadas y específicamente seleccionadas, con una clara intención: promover el miedo a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia cayendo en el recurrente error del «no se ha demostrado su inocuidad«. Estos movimientos contra la telefonía móvil (desde la 2G hace más de 20 años) y los científicos que les avalan y asesoran, llevan lanzando mensajes catastrofistas desde los 90, haciendo generalmente selecciones interesadas de estudios in vitro o animales y en condiciones alejadas a la realidad (ejemplo), poniendo en duda todas las publicaciones en revistas de impacto, salvo las suyas si las tienen o dando más valor, incluso, a sus cuestionables hallazgos personales, sin que ni la Epidemiología ni la evidencia científica, a los niveles habituales, sobre posibles efectos sobre la Salud, les dé la razón, más bien lo contrario. En mi opinión, un claro ejemplo de lo que se conoce como «academic misconduct» o «academic deshonesty» es este reciente artículo de Pall que comenté aquí y que ya forma parte de la «base científica fiable» de estos movimientos.

Como he intentado exponer hasta este punto con las últimas publicaciones en el blog (del 2G al 5G, 5G o las ondas milimétricas, borrador ICNIRP y posibles efectos de la 5G) si bien, como ya he dicho varias veces, no se conoce completamente el estándar de la quinta generación de telefonía móvil, ya se están reevaluando los niveles a los cuáles se producen efectos biológicos para establecer, más bien modificar si fuera necesario, los niveles de referencia ICNIRP (aunque ya adelanto que tras ver el borrador de 2018, no cambiará nada pues la evidencia no ha cambiado y los niveles que se tienen como seguros, siguen siendo seguros). Con esta evidencia, podemos afirmar que la población de Segovia y Talavera de la Reina puede estar más que tranquila porque no sólo no se les irradiará de manera incontrolada para ver qué les pasa, ni mucho menos sino que esas frecuencias a los niveles establecidos no son capaces de producer efecto alguno sobre los humanos. Como he explicado en esas entradas anteriores, las antenas MIMO de la 5G, más pequeñas y direccionales, reducirán la exposición personal y no lo contrario. Las experiencias piloto y las evaluaciones de posibles efectos sobre la salud que se expusieron en el congreso BIOEM2018 en Eslovenia lo dejaban claro: se realizarán pruebas en interiores y exteriores, evaluando niveles de exposición y calidad de las comunicaciones de forma puntual. Además, las frecuencias que se utilizarán en 5G tienen una capacidad de penetración en nuestro cuerpo aún menor que la de tecnologías anteriores y, por último, a la vista del borrador de los nuevos niveles ICNIRP, a los niveles establecidos, los efectos biológicos están controlados.