Carta abierta a la dirección del colegio público salmantino que quitó el WiFi

El pasado 20 de octubre se «viralizó» esta noticia publicada en el diario digital Salamanca24horas y que recibí a través de comentarios y citas gracias a la difusión de OperadorNuclear y Biotecnólogo cabreado. En ella, se indica que, hace seis años, el Colegio público de Educación Infantil y Primaria (CEIP) Beatriz Galindo de Salamanca quitó la red WiFi tras sumarse a la propuesta «Escuela sin WiFi».

Me dirijo a ustedes como físico e investigador, profesor y padre de tres hijos en edad escolar.

Físico e investigador

En 2001, me licencié en Física en la Universidad de Salamanca. Mi facultad está relativamente cerca del CEIP Beatriz Galindo, en la ciudad en la que nací hace poco más de cuatro décadas. Desde la finalización de mis estudios, he desarrollado mi carrera investigadora en diferentes campos: desde el estudio de los posibles efectos de la contaminación atmosférica sobre la salud , pasando por las neurociencias y la audiología, hasta mi actual línea de investigación sobre la exposición personal a campos electromagnéticos de radiofrecuencia. Aquella que emiten los teléfonos móviles, los teléfonos inalámbricos, las redes WiFi pero, también, la que hace posible que oigamos la radio, veamos la televisión o la comunicación mediante emisoras de los servicios de emergencia. Son muchas las fuentes de radiofrecuencia y conviene conocer su naturaleza para, entre otras cosas, no preocuparse. Por eso, desde hace tiempo, intento desarrollar una intensa actividad divulgadora sobre este tema en mi blog www.radiandando.es.

Un poco de Física

Todas estas radiaciones tienen una característica muy importante: no son ionizantes, esto es, no tienen energía suficiente como para producir cáncer como falsamente se indica en la web de la propuesta que decidieron seguir hace seis años y que enlazan desde la web de su colegio. Es más, su energía es inferior a la de los infrarrojos del mando a distancia de su televisor, de la luz visible que ven sus alumnos con sus propios ojos, la radiación ultravioleta de la que espero se protejan cuando se pongan al Sol o a la radiación, ésta sí potencialmente peligrosa, que recibimos al realizarnos una radiografía o cuando sus alumnos almuerzan un plátano en el recreo. Además, la intensidad de la radiación que recibimos de estos dispositivos de comunicaciones es increíblemente débil. Para que se hagan una idea, la radiación media anual que recibe un habitante de Albacete, ciudad donde vivo, es equivalente a la que recibiría de una bombilla de 100W situada a 2 km.

Organizados para infundir miedo

El miedo a la radiación electromagnética de radiofrecuencia, mal llamada «contaminación electromagnética», tiene muchos años. A principios de los 90, comenzaron los primeros movimientos antiantenas que han derivado en los actuales movimientos antiwifi. Todos ellos poseen una característica común: tras una alerta aparentemente bienintencionada mediante el uso de información sesgada o, directamente, interesada o falsa, se ocultan o desarrollan complejos negocios basados en el miedo y el desconocimiento.

Un ejemplo de estas iniciativas antiradiaciones es «Escuela sin WiFi» promovido por la Fundación Vivo Sano. Una fundación, entiendo que lógicamente es sin ánimo de lucro, que tiene su domicilio en la C/ Corazón de María, 80-82 Local B. Allí, encontramos «cacharros» como la Fundación para la Salud Geoambiental, ahora transformada en «Instituto», Sintergética Madrid, la Clínica de Medicina Integrativa, Master interdisciplinar para microempresarios en administración y dirección de empresas al módico precio de 6000€, Salud Ambiental en la Escuela, Escuela de Salud Integrativa, Lo mejor de mi, Construir un mundo mejor, Hogar sin tóxicos, Al final de la vida, Vive sin radón, Vealia televisión sana o Natursanix, empresa que comercializa productos como HoloRam Radi y del que ya hablé en mi blog. La estructura de estos «cacharros» ha cambiado en los últimos años, pues el domicilio anterior era C/ Principe de Vergara 36, 6º dcha y cuyo complejo organigrama publicó Mauricio-José Schwarz en 2011 en su blog «el retorno de los charlatanes«. También Rocío P. Benavente, en este artículo en El Confidencial titulado «El círculo del miedo: el negocio de las enfermedades falsas», describía la estructura e intereses que había detrás de, entre otras, Silversalud. El programa «En el punto de mira» mostró su estructura económica indicando una facturación anual que oscilaría entre los 5 y los 10 millones de euros (a partir del minuto 01:18:00).

Una visita rápida a algunos de estos, permítanme de nuevo, «cacharros», nos dará una clara visión de lo que hay detrás: mucha, mucha, pero que mucha, pseudociencia. Desde curación por imposición de manos, a medicinas alternativas, mal llamadas complementarias a zahorís reconvertidos en lo que ellos llaman «geobiólogos». Y lo que más sorprende, el apoyo de entidades públicas como ayuntamientos o, incluso, la Obra Social de La Caixa.

Enseñar Ciencia y promover el espíritu crítico

Desarrollo mi docencia en varias asignaturas del Grado en Medicina y del Máster en Biomedicina Experimental de la Universidad de Castilla-La Mancha. Como no puede ser de otra forma, lo que enseño a mis alumnos se basa en el conocimiento y la evidencia científica. ¿Se imaginan que en Radiología y Medicina Física enseñara telepatía o cómo curar a un paciente imponiendo las manos sobre su cuerpo para dirigir la energía cósmica del universo?

Desde hace años me esfuerzo en luchar contra las pseudociencias, en particular, las pseudoterapias. Intento transmitir a mis alumnos la necesidad de luchar contra los charlatanes, en promover el espíritu crítico y el uso de fuentes fiables de información. Sin duda, este año, usaré el caso de su colegio como ejemplo de desinformación y promoción de la pseudociencia, pues al sumarse a una iniciativa que carece de base científica y está completamente injustificada, transmiten a los padres de su alumnado una falsa e innecesaria sensación de seguridad con respecto al uso de radiaciones electromagnéticas de radiofrecuencia como las WiFi.

Como profesores debemos garantizar una correcta formación de nuestros alumnos, basada en la Ciencia y el espíritu crítico. Esta última herramienta, junto el saber trabajar con fuentes fiables de información, les permitirá construir una opinión informada basada en la evidencia. Esta competencia será de vital importancia en la sociedad de la información en la que vivimos y que no dejará de desarrollarse en los próximos años. ¿O tal vez debería decir de la desinformación o de la infoxicación? Vivimos un momento en el que el flujo de mentiras o bulos, también fake news, de las que la web de su colegio es todo un ejemplo.

Ante el miedo, Ciencia

En las últimas décadas, el uso de estas tecnologías inalámbricas se ha generalizado y, a pesar de su tremendo desarrollo e implantación, no se ha demostrado una relación sobre la salud a los niveles de exposición habituales. Los estudios sobre exposición personal realizados en todo el mundo no han encontrado que se superen los niveles de seguridad establecidos por ICNIRP, comisión internacional que los fija basándose en evidencias científicas y con un margen de seguridad importante. Así, todos los estudios muestran que la exposición está entre 10.000 y 100.000 veces por debajo de esos límites. Por tanto, no, no es cierto que las WiFi sean una amenaza para la salud, como indica la web de su colegio o recoge la de «Escuela sin WiFi».

Que no se aprovechen de nuestro instinto de padres y madres

La preocupación por la salud de nuestros hijos es algo normal, natural, innato. Como padres y madres debemos garantizar el mejor ambiente posible para que nuestros hijos e hijas se desarrollen con seguridad. Pero como profesores tenemos la responsabilidad y la obligación de hacerlo desde la Ciencia y el Conocimiento.