Pseudoterapias y anti-5G en la Facultad de Medicina de la UCM

Hay cosas que no deberían ocurrir en una Facultad de Medicina, y menos en una Facultad de Medicina de una Universidad PÚBLICA. Y una de ellas es albergar un congreso que, a la vista de su programa y de sus patrocinadores, mezcla activismo, afirmaciones sanitarias controvertidas y empresas que comercializan productos cuya eficacia no está respaldada por evidencia científica sólida y que en algunos casos han sido señalados en evaluaciones institucionales como pseudoterapias.

Este próximo fin de semana, 6, 7 y 8 de marzo, la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid acoge el llamado X Congreso Internacional de Medicina Ambiental, organizado por la Fundación Alborada y la Clínica Luunt. Un evento con inscripción de 280 € que se presenta como un foro científico, aunque no parece estar promovido por ninguna sociedad científica, sobre el impacto del entorno en la salud. Hasta aquí todo podría parecer casi razonable. El problema aparece cuando uno mira quién promueve, quién participa y quién patrocina.

Vayamos por partes: quién promueve

El congreso está impulsado por la Fundación Alborada, una entidad que desde hace años promueve lo que denomina medicina ambiental y que ha sido muy activa en la difusión de la electrohipersensibilidad (EHS) como enfermedad causada por campos electromagnéticos, algo que no se ha podido demostrar y que no reconoce la Organización Mundial de la Salud. En la organización del evento también aparece implicada la clínica Luunt, que se presenta como un centro especializado en medicina ambiental y tratamiento de patologías como la sensibilidad química múltiple o la electrohipersensibilidad. Este tipo de enfoques se sitúan en un ámbito muy controvertido desde el punto de vista científico, ya que muchas de las hipótesis diagnósticas y terapéuticas asociadas a la llamada medicina ambiental no cuentan con respaldo sólido en la literatura científica ni forman parte de las guías clínicas basadas en evidencia.

Vayamos por partes: quién participa

Entre los ponentes del congreso figuran varios nombres muy conocidos en el ecosistema internacional de investigadores y organizaciones que sostienen la existencia de riesgos sanitarios asociados a las radiaciones inalámbricas y cuyas interpretaciones de la evidencia científica han sido ampliamente cuestionadas por organismos científicos y sanitarios. Algunos ejemplos:

Devra Lee Davis
Fundadora de Environmental Health Trust, una organización activista que lleva años promoviendo campañas para frenar el despliegue del 5G. Davis sostiene que la radiación de radiofrecuencia asociada a móviles o Wi-Fi puede causar cáncer, daño en el ADN o problemas reproductivos. También estuvo vinculada a la difusión del llamado BioInitiative Report, un documento muy controvertido criticado por numerosos organismos científicos por su metodología y por seleccionar estudios de forma sesgada.

Magda Havas
Profesora emérita de Trent University (Canadá) y una de las figuras más visibles del movimiento que alerta sobre los supuestos riesgos de la radiación inalámbrica. En sus publicaciones ha vinculado la exposición a redes inalámbricas con síntomas neurológicos, arritmias, cáncer, daño en el esperma, infertilidad y lo que denomina electrohipersensibilidad (EHS). Durante la pandemia llegó a sugerir asociaciones estadísticas entre despliegues de 5G y tasas de covid-19, hipótesis que no han sido respaldadas por la investigación científica.

Martin L. Pall
Bioquímico y profesor emérito de Washington State University. Ha defendido que la radiación inalámbrica podría activar canales de calcio dependientes de voltaje y desencadenar una cascada de efectos biológicos que incluirían cáncer, daño del ADN, alteraciones neurológicas o problemas reproductivos. En algunos de sus informes ha afirmado incluso que las exposiciones prenatales a campos electromagnéticos podrían relacionarse con TDAH o autismo. Estas afirmaciones se citan con frecuencia en entornos activistas contra antenas y redes inalámbricas. Por ejemplo, publicó hace unos años un artículo que presentaba la WiFi como una amenaza importante para la salud, artículo que ha sido criticado por diversos autores por su selección de literatura y por la interpretación de los resultados, y que recibió varios comentarios críticos en la propia revista, incluido un duro comment por nuestra parte.

Dominique Belpomme
Oncólogo francés y antiguo profesor de la Université Paris-Descartes. Es uno de los principales promotores de la idea de que la electrohipersensibilidad es una enfermedad causada por la exposición a campos electromagnéticos, algo que no reconoce la Organización Mundial de la Salud. Belpomme ha propuesto biomarcadores sanguíneos y técnicas de imagen para diagnosticar esta condición, pero estas hipótesis no han sido confirmadas por estudios independientes ni adoptadas por guías clínicas.

Ceferino Maestú
Profesor en la Universidad Politécnica de Madrid. Parte de sus trabajos se han centrado en estudiar a personas que se identifican como afectadas por electrohipersensibilidad mediante técnicas de neuroimagen. Sin embargo, no se ha demostrado una relación causal entre la exposición a campos electromagnéticos y los síntomas descritos por estos pacientes, y los estudios experimentales controlados no han confirmado esa relación. Maestú es también coautor de un estudio publicado en Environmental Research que intentaba correlacionar niveles de radiofrecuencia medidos en Vallecas (Madrid) con diversos síntomas de salud reportados por residentes. El trabajo generó una cierta controversia científica por sus limitaciones metodológicas y por la interpretación de las asociaciones observadas. De hecho, el artículo recibió varios comentarios críticos, incluido uno nuestro, en el que señalamos problemas en el diseño del estudio, en el uso de indicadores epidemiológicos y en las conclusiones extraídas a partir de los datos disponibles.

La presencia destacada de este grupo de ponentes no es trivial: todos ellos forman parte desde hace años del ecosistema de activismo contra antenas y redes inalámbricas. Un ecosistema que, conviene recordarlo, lleva más de dos décadas haciendo afirmaciones que han sido evaluadas repetidamente por organismos científicos y agencias sanitarias.

Vayamos por partes: quién patrocina

Pero quizá lo más preocupante no son solo los ponentes. Es quién paga el congreso. Entre los patrocinadores aparecen varias empresas que comercializan productos vinculados a la llamada “medicina ambiental”. Y algunos de ellos son especialmente llamativos.

Pegatinas que “bloquean” radiaciones

Entre los patrocinadores “platino” figura Spiro Solution, empresa que comercializa el dispositivo SPIRO DISC. Se trata de un disco o adhesivo que, según su publicidad, puede “neutralizar” o “filtrar” radiaciones electromagnéticas procedentes de teléfonos móviles o redes inalámbricas. El precio llega alcanzar más de 800$ y tienen desde tarjetas para llevar encima a discos para usar en coches eléctricos y bloquear, sí bloquear, los campos electromagnéticos, violando la física más elemental. En su propia web el producto se presenta como útil para personas con electrohipersensibilidad y se sugieren efectos beneficiosos sobre diversos problemas de salud.

No existe ningún mecanismo conocido por el cual una pegatina o un pequeño disco pasivo pueda bloquear o modificar campos electromagnéticos sin actuar como un blindaje físico real (por ejemplo, una jaula de Faraday). Y eso, obviamente, no es lo que hacen estos dispositivos.

Promover productos que afirman “proteger” frente a radiaciones mediante mecanismos incompatibles con los principios básicos del electromagnetismo no es ciencia. Y hacerlo en el contexto de un congreso sanitario celebrado en una Facultad de Medicina resulta, como mínimo, inquietante.

Bioresonancia, chakras y “energía vital”

Otro patrocinador es Quantum Salud, empresa que comercializa dispositivos de bioresonancia y biofeedback energético. Según su propia web, estos equipos permiten realizar “testajes” de miles de parámetros del organismo en pocos minutos y actuar sobre el “campo energético” del cuerpo para favorecer procesos de desintoxicación o reequilibrio biológico. Incluso se mencionan conceptos como energía vital, chakras o nadis. Esto es lo que se conoce como bioresonancia: una práctica que sostiene que las enfermedades pueden diagnosticarse o tratarse mediante la detección y modificación de supuestas “frecuencias energéticas” del organismo.

El propio Ministerio de Sanidad, en su informe Análisis de la situación de las terapias naturales y en las iniciativas posteriores del Plan para la Protección de la Salud frente a las Pseudoterapias, ha señalado este tipo de prácticas entre aquellas sin evidencia científica suficiente.

Que empresas que venden este tipo de dispositivos aparezcan como patrocinadoras de un congreso sanitario en una Facultad de Medicina plantea un problema evidente de integridad científica.

Suplementos, ayunos terapéuticos y “medicina ambiental”

Entre los patrocinadores aparecen también empresas de suplementos o productos asociados a corrientes de medicina alternativa como Quinton, SuperHealth Laboratories, Solaray-Kal, Nutergia o NPro, así como la clínica Buchinger Wilhelmi, que promueve el ayuno prolongado con fines terapéuticos. Muchos de estos productos pueden comercializarse legalmente como complementos alimenticios, pero su asociación con discursos de “medicina ambiental” y con promesas implícitas de mejora de múltiples enfermedades vuelve a plantear la misma pregunta: ¿es esto realmente un congreso científico?

Lo que dice la CIENCIA

Mientras tanto, la evidencia científica sobre radiofrecuencias y salud sigue acumulándose. La Organización Mundial de la Salud ha promovido recientemente once revisiones sistemáticas que analizan más de 630 estudios sobre campos electromagnéticos y salud.

La conclusión es clara: no existe evidencia científica sólida de efectos adversos para la salud derivados de la exposición a radiofrecuencias cuando se respetan los límites internacionales. Las tecnologías móviles, incluida la 5G, no se han vinculado causalmente con cáncer, autismo u otras enfermedades graves.

En la misma línea se han pronunciado sociedades científicas españolas en este reportaje publicado en El Confidencial por Fran Sánchez Becerril. La Sociedad Española de Oncología Médica señala que no se han confirmado efectos adversos asociados a exposiciones ambientales habituales. Y la Sociedad Española de Neurología lo resume de forma aún más clara: El 5G no causa efectos sobre la salud del cerebro.

“Solo alquilamos el espacio”

Ante críticas como estas, la respuesta habitual suele ser la misma: La universidad solo alquila el espacio. Pero cuando hablamos de un congreso sanitario celebrado dentro de una Facultad de Medicina, la percepción pública es inevitablemente otra. Se interpreta como un evento que cuenta con algún tipo de legitimidad académica. Y así se lo he hecho saber al propio decano de la facultad en un correo electrónico.

¿Debe una universidad pública albergar eventos que promueven discursos alejados del consenso científico y que están financiados por empresas que venden productos sin base científica? No todo vale.

Las universidades existen precisamente para proteger y difundir conocimiento basado en evidencia. Cuando sus espacios se utilizan para legitimar desinformación sanitaria o productos pseudocientíficos, el problema ya no es solo académico. Es también un problema de salud pública. Porque diversos análisis críticos han señalado que iniciativas de este tipo suelen seguir un patrón recurrente: primero se alerta sobre supuestos riesgos ambientales y posteriormente se ofrecen productos o servicios que prometen proteger frente a ellos.

Y cuando ese modelo se presenta bajo el paraguas de la ciencia y dentro de una Facultad de Medicina, el resultado es preocupante.

Por eso conviene decirlo claramente: no todo cabe en una universidad.