Las medidas de California para que tu smartphone no te mate

El pasado 13 de diciembre, el Departamento de Salud Pública de California, Estados Unidos (CDPH por sus siglas en inglés), publicó una breve guía titulada: “Cómo reducir la exposición a la energía de radiofrecuencia de teléfonos celulares” (en inglés aquí). Gracias a Twitter, en particular a @g_dacosta, tuve conocimiento de su publicación a través del portal Andro4All que recogía la noticia el pasado 27 de diciembre, donde se citaba como fuente la noticia publicada por CBS News el 18 que, a su vez, hacía referencia a la información publicada por CBS Sacramento el día 13.

El título de este post lo he tomado de la noticia de Andro4All cuyo autor es Ricardo Aguilar (@Rika_Andro4all) porque me llamó la atención que la publicación de una guía para reducir la exposición a la radiación procedente de los teléfonos móviles, acabara inspirando la frase “medidas de California para que tu smartphone no te mate”, evocando en mi mente aquello de “no dejes que la realidad, te arruine un buen titular”. No obstante, ese titular ha desaparecido y se ha matizado un poco, ahora dice “Cómo evitar que te afecte negativamente la radiación de tu móvil“.

  

Bueno, hagamos una lectura crítica y calmada de la guía antes de que la noticia salte a todos los medios nacionales e internacionales y se líe parda. Por suerte a estas alturas, si no lo ha hecho ya, lo mismo hay suerte y no difunde a lo bestia, pero por si acaso. Pues me sorprende que todos los portales como Electrosensibles, Plataforma Estatal contra la Contaminación Electromagnética, Instituto Internacional de la Melatonina, Ecohabitar, CEM Electrosensibilidad, el blog de Miguel Jara, DSalud, Fundación para la Salud Geoambiental, Ecodiario, Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud, SQMcomocurarse, Asociación Independiente para Defender la Salud (frente a CEM), Mundonuevo, Cuerpomente, etc. no hayan dicho ya que “California admite los riesgos de la telefonía móvil e insta a reducir la exposición personal a CEM”, aunque, como demostraré a continuación no es exactamente así.

En la nota de prensa y en la propia guía del CDPH se indica que “Algunos científicos y autoridades de salud pública creen que la energía de RF puede afectar la salud” explicando que “aunque la comunidad científica no ha llegado a un consenso sobre los riesgos del uso del teléfono celular, la investigación sugiere que el uso a largo plazo puede afectar la salud“. Espera, espera, espera… ¿Un organismos público del que depende la Salud Pública de un estado como California publica una guía porque hay científicos que “creen” y sobre la base de una falta de consenso científico? Querría saber qué dirán sobre el té de la tetera de Russell. En la guía se dice que “el uso prolongado y frecuente de teléfonos celulares puede estar relacionado con ciertos tipos de cáncer y otros efectos de la salud, como:

• Cáncer cerebral y tumores del nervio acústico y las glándulas salivales.
• Conteo bajo de esperma y esperma inactiva o menos móvil.
• Dolores de cabeza, efectos sobre el aprendizaje y la memoria, la audición, el comportamiento y el sueño”.

E insisten en que “estos estudios no establecen un vínculo definitivamente. Sin embargo, los científicos no están de acuerdo si los teléfonos celulares causan problemas de salud y qué tan grandes serían los riesgos“.

Así que me sorprendió mucho que un organimo como el CDPH lanzara una llamada de alarma por creencias y sin consenso científico, parece una irresposnabilidad pues, si bien las revisiones sistemáticas más recientes relativas a estos aspectos que se indican en la guía concluyen lo contrario (ver sección ¿Falta información?) e incluso la web de la OMS, que se cita en la propia guía, indica que no hay evidencias, ésta se edita, según ellos, para orientar a aquellas personas que, añado yo, sin motivo, quieran reducir su exposición a radiofrecuencia.

Entre las recomendaciones hay dos que me llaman mucho la atención:

  1. No duerma con el teléfono cerca. A pesar de que su emisión en los momentos de inactividad es muy reducida y la exposición media nocturna es generalmente muy baja.
  2. No use escudos antiradiación. Esta es muy interesante pues alertan del uso de esas fundas que dicen apantallan la radiación pues lo que consiguen, si acaso, es el efecto contrario y por tanto se trata de un fraude (aportan incluso enlaces sobre este posible timo).

Por tanto, por decirlo de alguna manera, la guía da una de cal y otra de arena. Por un lado dice que no hay evidencia sólida ni consenso científico (lo cual no es del todo correcto), por otro alerta sobre posibles riesgos no demostrados, y por otro lado, proporciona métodos para reducir la exposición que, sin duda, conseguirán, reducción, aunque innecesaria, a los niveles de exposición habituales (para una revisión reciente léase Sagar et al., 2017). ¿Qué está pasando? Es raro que no quieras alarmar, al tiempo que dices que hay efectos sobre la salud, insistes en varias ocasiones que no están demostrados, pero sugieres que se reduzca la exposición…

¿Qué conseguirán en cualquier caso? Pues creo que, sin duda, alarmar a la sociedad e inducir malinterpretaciones como la que recojo en el título de este post o la publicación de noticias como las recogidas en CBS News. En ellas se hace un refrito de todas las cuestiones alarmantes relativas a los teléfonos móviles, alimentando el miedo y sin destacar debidamente que todas ellas, no se fundamentan en evidencias concluyentes. Así, en estas publicaciones, se insiste en la clasificación de la radiación de los móviles como posibles cancerígenos (grupo 2B, como siempre olvidando explicar qué quiere decir eso y sin decir que en ese grupo está al café y los encurtidos) o se usan estudios “in vitro” para obtener interpretaciones “in vivo”.

Una vez activada la alerta magufa, me puse a investigar un poco. En las noticias de CBS citan al Dr. Joel M. Moskowitz de la School of Public Health de Berkeley. He buscado en JCR y está especializado en estudios sobre el tabaco pero no tiene publicaciones sobre campos electromagnéticos de radiofrecuencia (CEM-RF). Entonces ¿por qué lo citan? Pues es el responsable del lanzamiento de la guía ¿por qué? porque demandó al Estado de California por no publicar los borradores que tenían de una guía como ésta desde hace tiempo (probablemente fueron cautos al no tener evidencia científica contundente para larzar tal alarma). Así, en marzo de 2017, la Corte Suprema de Sacramento le dio la razón a Moskowitz y condenó al CDPH a publicar la guía. Él dice que el objetivo no es alarmar, que fue justo lo que el CDPH argumentó en el juicio para no publicarla, dada la falta de evidencia concluyente. La postura de Moskowitz es que “la Ciencia está evolucionando” y, por tanto, la gente debe estar informada. No obstante, no es cierto. La Ciencia no ha cambiado su posicionamiento pues, entre otros, la Comisión Federal de Comunicaciones (CFC) o la Food and Drugs Administration (FDA) supervisan periódicamente la investigación científica sin que haya nuevos indicios o pruebas de esa posible relación, por lo que un cambio o una alerta así es innecesario y poco recomendable.

Entonces, ¿no tendrá Moskowitz algún interés especial en difundir miedo aunque diga que el objetivo es el contrario? Pues bien, Moskowitz mantiene el, muy activo, blog “Electromagnetic Radiation Safety” en el que, entre otras muchas cosas, hace recuento del impacto de su victoria legal con más de 47 países y más de 100 reseñas de la publicación de esta guía, incluidos sites en España (como EcoAvant o MundoOculto). En el blog, cita otra guía similar publicada en 2005 por el Departamente de Salud Pública de Connecticut, pero en este caso las afirmaciones que contiene son mucho más agresivas, con mucho menos cuidado y sin los matices que incluye la de California y, sin duda, extremadamente alarmantes y peligrosas y, sobre todo, sin evidencia científica que los sustente. Pero, acabáramos… Moskowitz aparece como codirector/cofundador, junto a Elisabeth Kelley y Martin Blank, de la web www.EMFScientist.org. ¿Te suenan ya estos nombres? la primera participó en la “declaración científica internacional de Madrid” que promovió Bardasano, el asesor de DSalud, mientras que el segundo es el editor de la revista no indexada en JCR, Pathophysiology, que publicó en un special issue, el muy cuestionable informe Bioinitiative a pesar de las críticas de parcialidad y falta de rigor. Moskowitz, en su web, defiende el informe Bioinitiative atacando vehementemente a quien lo critica y, periódicamente, publica frases como “Radio frequency radiation should be classified as “carcinogenic to humans” (Group 1)“, que es el grupo en el que está el tabaco y el alcohol, usando como fuente fiable que justifique dicha afirmación, el propio informe Bioinitiative, ¿no es flipante? Se vuelve a cerrar otro círculo.

Con todo esto, ¿qué puedo decir? Pues que las consecuencias, intereses y ramificacionesdetrás del informe Bioinitiative son mucho mayores de lo que podríamos pensar. La guía de Connecticut y, ahora, la de California por orden judicial y con muchos matices que justifican ese doble enfoque, probablemente por las reticencias lógicas a su publicación, tienen un claro interés alarmista. Pretenden infundir miedo en una población ya, de por sí, temerosa por todo lo que se publica sobre este tema. Y hasta ahora, tanto el informe Bioinitiative, la declaración “científica internacional” de Madrid de Bardasano o esta nueva guía tienen un hilo conductor común: la falta de rigor científico a la hora de llegar a conclusiones, usando las mismas fuentes cuestionables y mezclando resultados “in vitro” con extrapolaciones “in vivo”, a pesar de los valores habituales a los que se encuentra expuesta la población. Ambas guías, parecen haber sido promovidas por un grupo de personas que, o bien plantean serias dudas sobre su independencia o no son científicos de reconocido prestigio en campo que nos ocupa. Así que no sé si el objetivo es alimentar empresas como Sage Living (la empresa de la hija impulsora del informe Bioinitiative), buscan notoriedad pública, o qué, pero el caso es que están organizados, son muchos y la Ciencia, realmente, les importa poco.

Bioiniciative: cuando un informe parece científico pero no lo es

El “Informe Bioinitiative” es una referencia recurrente cuando se quiere cuestionar la  siguiente afirmación, que forma parte de la presentación de este blog: “a día de hoy a los niveles habituales, no existe evidencia científica que demuestre una relación entre Salud y campos electromagnéticos de radiofrecuencia (CEM-RF)“. Es la biblia de los movimientos antiantenas, de las organizaciones de hipersensibles, de abogados que defienden a “afectados”, de empresas que venden servicios, equipos de medida y supuestos productos de protección ante CEM-RF, etc. Pero, ¿qué es y quién está detrás de ese informe que infunde más garantías y credibilidad que, por ejemplo, los textos y revisiones científicas de la Organización Mundial de la Salud? ¡Allá vamos! Dije en la presentación del blog que intentaría hacer aportaciones de unas 500 palabras, pero verás que, para extrenar el blog, me he extendido a más de las 2000 pues el tema, creo que lo requiere. ¡Ánimo con la lectura!

Bioinitiative suena bien, además su web con un “.org” da sensación de seriedad… aunque eso no nos debe condicionar pues cualquiera puede registrar un dominio “.org”, “.info” o un “.es” como es el caso de “www.radiandando.es”. A mis alumnos de primero de Medicina les digo que la información en Internet, por definición, no es fiable, salvo que provenga de organismos de reconocido prestigio, organismos oficiales, centros de investigación, etc. Así que la primera pregunta que debemos hacernos es ¿qué o quiénes son Bioinitiative? ¿Son científicamente fiables? En su web se presentan como “A rationale for biologically-based public exposure standards for electromagnetic fields (ELF and RF)” algo así como “justificación con base biológica para los estándares de exposición a campos electromagnéticos de muy baja frecuencia y de radiofrecuencia”. Empezamos regular, pues su punto de partida es sugerir que los límites de exposición a campos electromagnéticos se fijan sin una base biológica (y científica). Esto es falso, por lo que su “razón fundamental” se asienta en una premisa muy peligrosa: sugerir que los límites no se han establecido atendiendo a criterios científicos (y biológicos), en este caso, por la autoridad internacional competente, la ICNIRP (Comisión internacional para la protección ante radiaciones no ionizantes). Así la primera cuestión es rápida: entonces, ¿de acuerdo a qué criterios se han fijado los límites internacionales actuales? ¿económicos? ¿intereses de las empresas? La respuesta es sencilla y puede comprobarse leyendo las directrices publicadas en Health Physics en 1998 por la ICNIRP. El lector más “escéptico” irá encontrando más preguntas que respuestas como ¿acaso nos podemos fiar de la ICNIRP? ¿No habrá elaborado esa guía al dictado de las multinacionales? ¿De 1998? ¿Acaso no está obsoleta? Bien, estas preguntas dan para un post propio y espero poder ir dando respuesta en próximas entregas.

Ahora, volvamos a Bioinitiative. Partimos de una premisa, dejémoslo por ahora en, cuestionable, pero sigamos con la pregunta principal: ¿Quiénes son? Pues en su web dicen que en el último informe han colaborado 29 titulados, aunque autores del mismo sólo 14 para un total de 24 capítulos (no me salen las cuentas), de 10 países (Suecia, Estados Unidos, India, Italia, Grecia, Canadá, Dinamarca, Austria, Eslovenia y Rusia) con diferentes grados de formación, muchos relacionados con la medicina. Llama la atención que no hay referentes científicos de Reino Unido, Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, Suiza o España que son, a día de hoy, las principales potencias en lo que a exposición personal a CEM-RF se refiere. Desde 2013, la web recoge el segundo informe, actualizando el primero de 2007, en el que, según ellos, revisan la evidencia disponible sobre posibles riesgos sobre la Salud de las nuevas tecnologías inalámbricas. Ambos informes han sido codirigidos por Cindy Sage (de Sage Associates) y David O’Carpenter (de la Universidad de Albany en Nueva York). Sobre Cindy se indica que es miembro de la Sociedad de Bioelectromagnetismo (BEMS), como también lo soy yo (ambos también los somos de la European Bioelectromagnetics Association, EBEA). Cindy no tiene una formación específica en Física o Medicina, salvo un “M.A.” que se debe referir a “Master in Arts, tampoco encuentro más información en su ficha privada de BEMS que, por cierto, está en blanco. No obstante, tiene 5 contribuciones indexadas en JCR (índice de referencia de calidad científica) de los que sólo uno de 2007 es un artículo científico (que firma con Olle Johansson, investigador del Instituto Karoliska que recientemente ha cesado su actividad por falta de recursos económicos, y con S. Amy Sage que no figura en ningún otro artículo científico a pesar de aparecer como “investigadora asociada en USA” sin centro de adcripción en el primer informe Bioinitiativede 2007) y el resto son “comments” o “replys”. Cindy es copropietaria, junto a su hermano Orrin, doctor en Geología, de la empresa Sage Associates, una consultora de servicios medioambientales en California. Pero lo más llamativo es que, a pesar de que en el informe se afirma que una de las grandes fortalezas del mismo es que es independiente de gobiernos, empresas, asociaciones profesionales o sociedades ancladas en viejos estándares, no se declara ningún conflicto de intereses. A lo mejor Cindy Sage no tiene ningún conflicto de intereses que declarar, pues no aparece en la web de otra empresa llamada “Sage Living“, cuya fundadora es una joven Stephanie Kerst quien no parece tener relación con Cindy. ¿O sí lo podría tener? Buscando un poquito puedes encuentrar que Stephanie, en su perfil de Facebook, indica que es fundadora de Sage Living y que su nombre completo es Stephanie Sager Kerst. Como diría mi último magufo preferido ¿Sager? ¿casualidad?. Al menos no es curioso. Casualmente Cindy y Stephanie son amigas en Facebook aunque no puedo confirmar que se trate de madre e hija… En la web de Sage Living no se da mucha información acerca de la empresa pero en su sección “sobre nosotros” donde te redirigen a este artículo en la revista Sunset, dejan claro a qué se dedican: irradiar miedo, miedo a los CEM-RF, a las WiFis, ofrecer “información fiable e independiente” y servicios para proteger tu vivienda sobre a los peligrosos CEM-RF. ¿Saben cuál es esa fuente de información fiable? No lo adivinarías en un millón de años: el informe Bioinitiative que ¿hizo su madre? Llámame conspiranoico, pero si parece un pato, tiene dos patas como un pato, pico como un pato, dos ojos como un pato y vuela como un pato, no es un perro. En “Sage Living” dan recomendaciones de salud, además de alertar de los peligros de las WiFis en colegios, imagino que gracias a la fiable “información científica existente” y que detallan en el “Summary for the public and conclusions” que ¿quién lo escribió? Sí, Cindy Sage. Pero se curan, nunca mejor dicho, en salud indicando que “The content provided by Sage Living is for informational purposes only and is not intended as health or medical advice. Please consult your personal physician before making any lifestyle changes. The responsibility for the consequences of your use of any advice or suggestion offered on this website lies not with Sage Living“. Vaya, parece que esas evidencias tan científicas y tan independientes ¿podrían traer problemas?

No quiero caer en una falacia “ad hominem” pero entenderá el lector que si vamos a tratar sobre temas científicos, qué menos le puedo pedir al autor de una fuente como este Informe Bioinitiative, que tenga una experiencia y formación adecuadas, además de garantizar una cacareada independencia e inexistencia de conflicto de intereses. Pero bueno, seamos objetivos, está claro que los negocios de la hija, si es que lo es, no tienen por qué tener nada que ver con los intereses de la madre, si es que lo es.

Sigamos. El otro editor del informe es David O`Carpenter, que posee un amplísimo currículo científico y es editor de la revista “Reviews on Environmental Health” revista no indexada en JCR y que suele publicar artículos muy cuestionados como este de Johansson (colaborador de Sage y cuyo laboratorio, recientemente, el 15 de noviembre, han cesado su actividad por falta de fondos y no sé si tendrá que ver la selección de trabajos que aporta en su web oficial). No obstante, de O’Carpenter llama la atención publicaciones como “Excessive Exposure to Radiofrequency Electromagnetic Fields May Cause the Development of Electrohyperse” publicado en la revista “Alternative therapies in health and medicine” en 2014. En este vídeo queda clara cual es su postura acerca de los contadores de luz inteligentes relacionándo los CEM-RF con cáncer, hípersensibilidad, etc. Seguro que has visto este otro vídeo, bueno, pues hace años expliqué aquí por qué no era posible. Por cierto, que los movimientos anticontadores con los que colaboraba David, ya no tienen sus webs activas. Me he puesto en contacto con él, pero no he recibido respuesta todavía. *Actualización 11-12-17 a las 14:54. David O’Carpenter respondió a mi correo en el que le preguntaba si algún miembro del equipo tenía algún conflicto de intereses, si se cuenta con alguna fuente de financiación y si el informe se ha publicado en alguna revista científica. Las respuestas son: no, no pero tal vez C. Sage y sí, en Pathophysiology y en Reviews in Environmental Health obviando que el editor de la primera es miembro del grupo o que él es editor de la segunda. Además me llama la atención que dice “All of us were and are concerned that the national and international agencies distort the information related to health effects of EMFs“. No le he contestado más que un gracias por su respuesta, creo que entrar en debate sería infrutuoso.

Rebuscando en la web, he encontrado otro punto de unión entre David y Cindy en la web “Sage Reports Environmental Consultants“. El dominio está registrado a nombre de Cristopher Larson quien tiene un blog abandonado y no parece tener mucho que ver con Bioinitiative. También le he contactado y por ahora sólo me ha dicho que me pondrá en contacto con LA dueñA del dominio; espero su respuesta…

Volvamos al tema. El grupo de trabajo Bioinitiative nació en 2006, en el congreso anual de la Sociedad de Bioelectromagnetismo (BEMS) pero no cuenta con reconocimiento oficial por parte de BEMS. Este grupo acordó elaborar un informe sobre efectos biológicos de los campos electromagnéticos sobre la Salud. Dicho informe no se ha presentado ante la BEMS ni cuenta con su aval y, como veremos, ha recibido numerosas críticas por su falta de rigor científico. El informe de 2012 cuenta con 24 secciones, de las cuales “Ms. Sage” es autora o coautora de 9 junto a David O’Carpenter: las conclusiones, el sumario o la sección “Key scientific evidence and public health policy recommendations“. Tras los antecedentes de ambos coeditores ¿puedes pensar que estas secciones se han realizado de forma objetiva, imparcial y con una base científica fiable?

Por cierto, la web www.bioinitiative.org fue registrada el 9 de enero de 2007 por la propia Cindy Sage a nombre de su empresa “Sage Associates” y hasta el mail de contacto es el de su empresa: sage@silcom.com como puede comprobarse con un simple “whois”: https://www.whois.com/whois/bioinitiative.org.

El primer informe “Bioinitiative” se publicó en su web el 31 de agosto de 2007 sin ningún proceso de revisión por pares (ya explicaré qué es esto y por qué es tan importante, por ahora puedes leer algo aqui), aunque partes del informe se publicaron en un “special issue” de la revista Pathophysiology, revista no indexada en el JCR (ya indiqué que se trata de un índice de referencia de revistas científicas con un mínimo de calidad), cuyo editor, Martin Blank, es miembro del grupo de trabajo Bioinitiative. En enero de 2013 se publicó el segundo informe, una actualización de 2012.

Pero, ¿alguien de los movimientos antiantenas, hipersensibles, empresas especializadas en la protección ante CEM-RF o medida de exposición se ha leído las 1557 páginas del informe? Creo que puedo afirmar que ni los propios editores… Pero, ¿es un consenso científico internacional o algo parecido? Bueno, en el prefacio se dice que “La información y las conclusiones de cada capítulo son responsabilidad de los autores de ese capítulo”. Al tratarse de un informe tan tan fiable y serio, no parece muy adecuado que nadie del equipo se responsabilice de lo que dicen los demás, por lo que ellos mismos ponen de manifiesto que no se trata de ningún consenso científico y que,  por tanto, los capítulos más importantes de conclusiones o evidencias clave son responsabilidad de sus autores: O’Carpenter y Sage. Así, las visiones que se presentan y que pretender ser la base para la toma de decisiones políticas a nivel mundial con el fin de proteger a la sociedad, no parecen ser más que opiniones individuales de los autores. Una forma bastante curiosa de proceder al tratarse de un “informe científico” ¿no crees? El tono del informe es alarmista con numerosas apreciaciones subjetivas e, incluso, comentarios que reflejan opiniones personales como, por ejemplo (esta me encanta): Traditional scientific consensus and scientific method is but one contributor to deciding when to take public health action; rather, it is one of several voices that are important in determining when new actions are warranted to protect public health. Certainly it is important, but not the exclusive purview of scientists alone to determine for all of society when changes are in the public health interest and welfare of children“.

El informe, con un formato de los capítulos muy variado incluso entre aquellos elaborados por los mismos autores (en algunos casos hay figuras y tablas cortadas o títulos huérfanos lo que demuestra que no ha habido un trabajo de edición posterior), dice incluir 1.800 estudios recientes que demuestran una relación clara entre la exposición a CEM-RF y la Salud: fertilidad, desarrollo del feto, autismo, hípersensibilidad, genotoxicidad, tumores de cerebro, leucemia, Alzheimer, cáncer de mama, estrés, actividad neural, etc. En cualquier revisión sistemática, lo primero que se debe establecer es una metodología de trabajo, y más si se va a trabajar en paralelo o se pretende llegar a algún consenso. Esta metodología debe incluir, entre otras cosas, los criterios de búsqueda y los criterios de inclusión de los artículos. Es básico pero el Informe Bioinitiative no lo incluye. No se indica qué criterios de calidad se ha exigido a los 1.800 artículos que dicen haber incluido ni cómo se han localizado (ni palabras de búsqueda o bases de referencia). Así, se incluyen artículos que no han sido publicados mediante procesos de revisión por pares (peer-review que, insisto, ya contaré algún día qué es) o que han sido publicados en revistas de dudosa fiabilidad, muchas no indexadas en JCR (ya indiqué que, para bien o para mal, es un índice de calidad científica muy utilizado). Hay que esperar al capítulo 11 para encontrar una mínima sección de “material y método” con unos criterios de búsqueda. Pero no acaba aquí el despropósito científico, pues al no haber criterios de inclusión generales ni una pareja de editores que supervisen o pongan en común el trabajo de cada capítulo, se mezclan evidencias de experimentos in vivo con otras obtenidas in vitro, además, en muchos casos, las condiciones de laboratorio son difícilmente reproducibles o, cuanto menos, improbables o infrecuentes en la vida real. ¿Es esto importante? Pues bastante cuando las recomendaciones de salud para la población que pretender dar en el Informe se basan en resultados experimentales sobre células o animales y en condiciones de laboratorio difícilmente reproducibles en el mundo real. Imagina que pongo una neurona en una placa de petri en un medio de cultivo formado por alcohol metílico al 95%. Probablemente la célula muera al instante. ¿Podría extrapolar la experiencia? Esto es, ¿puedo a partir del resultado anterior decir que si sumerjo a una persona en una bañera en las mismas condiciones ésta morirá en pocos segundos? Pues la respuesta es evidente: No, no puedo decirlo pues extrapolar resultados experimentales “in vitro” es algo sumamente complejo, si se quiere hacer bien, claro. Pues este es el principal, y reiterado, error del informe, aparte de los ya comentados sobre metodología, forma de trabajo, falta de compromiso, dirección o coordinación, etc. Otro pequeño detalle es que el Informe de 2012 actualiza o corrige el de 2007, hasta el punto de encontrar el capítulo 13 en el que los cambios y correcciones ¡aparecen en rojo! ¿Nadie revisó el capítulo ni lo adaptó al nuevo informe?

Son muchos los gobiernos e instituciones que han cuestionado el Informe Bioinitiative. La parcialidad a la hora de elegir los estudios (como he indicado no se detallan los criterios de inclusión o búsqueda) dejando fuera aquellos que al parecer no convenían para el propósito del informe, no proporciona una visión objetiva y científica fiable del estado del tema. En la sección de esta web “¿Falta información?” encontrarás tres revisiones sistemáticas, publicadas en revistas fiables, por autores fiables, tras un proceso de revisión por pares, sobre efectos de los CEM-RF de las antenas de telefonía sobre la salud y sobre el bienestar, así como otro sobre cáncer de cerebro y terminales móviles que, aun no teniendo tanta prensa ni ser tan llamativos al no incluir ni la mitad de los estudios que incluye Bioinitiative, deberían hacerte pensar en qué información es científicamente fiable y cuál no.

En definitiva, en mi opinión la gran biblia de empresas, pseudomédicos, abogados, etc. que se forran a costa del pánico electromagnético deben estar felices de la penetración del Informe Bioinitiative en los movimientos antiantenas, ecologistas, asociaciones de afectados, hipersensibles, etc. Un informe con muchas referencias científicas, otras que no lo son no tanto, algunas serias, otras muy cuestionables. Un informe que no cumple con los mínimos de calidad, no cuenta con una metodología común para los diferentes capítulos, ni criterios de inclusión o búsqueda; una selección parcial e interesada de artículos que no ha sido revisada externamente por pares ni es fruto de un consenso científico. Un informe que recoge una serie de recomendaciones y conclusiones elaboradas por una persona que podría tener un conflicto de intereses no declarado y por un profesor cuyas opiniones parecen dejar claras cuáles son sus intenciones. No es de extrañar que infunda miedo, que alarme o haga pensar que ICNIRP nos engaña o que los científicos como yo estamos a sueldo de las empresas de telefonía, pues una lectura sucinta, sin los mínimos conocimientos ni un mínimo de espíritu crítico, infundirá el miedo suficiente para correr a comprar lo que haga falta para estar protegido ante los CEM-RF.