Las medidas de California para que tu smartphone no te mate

El pasado 13 de diciembre, el Departamento de Salud Pública de California, Estados Unidos (CDPH por sus siglas en inglés), publicó una breve guía titulada: “Cómo reducir la exposición a la energía de radiofrecuencia de teléfonos celulares” (en inglés aquí). Gracias a Twitter, en particular a @g_dacosta, tuve conocimiento de su publicación a través del portal Andro4All que recogía la noticia el pasado 27 de diciembre, donde se citaba como fuente la noticia publicada por CBS News el 18 que, a su vez, hacía referencia a la información publicada por CBS Sacramento el día 13.

El título de este post lo he tomado de la noticia de Andro4All cuyo autor es Ricardo Aguilar (@Rika_Andro4all) porque me llamó la atención que la publicación de una guía para reducir la exposición a la radiación procedente de los teléfonos móviles, acabara inspirando la frase “medidas de California para que tu smartphone no te mate”, evocando en mi mente aquello de “no dejes que la realidad, te arruine un buen titular”. No obstante, ese titular ha desaparecido y se ha matizado un poco, ahora dice “Cómo evitar que te afecte negativamente la radiación de tu móvil“.

  

Bueno, hagamos una lectura crítica y calmada de la guía antes de que la noticia salte a todos los medios nacionales e internacionales y se líe parda. Por suerte a estas alturas, si no lo ha hecho ya, lo mismo hay suerte y no difunde a lo bestia, pero por si acaso. Pues me sorprende que todos los portales como Electrosensibles, Plataforma Estatal contra la Contaminación Electromagnética, Instituto Internacional de la Melatonina, Ecohabitar, CEM Electrosensibilidad, el blog de Miguel Jara, DSalud, Fundación para la Salud Geoambiental, Ecodiario, Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud, SQMcomocurarse, Asociación Independiente para Defender la Salud (frente a CEM), Mundonuevo, Cuerpomente, etc. no hayan dicho ya que “California admite los riesgos de la telefonía móvil e insta a reducir la exposición personal a CEM”, aunque, como demostraré a continuación no es exactamente así.

En la nota de prensa y en la propia guía del CDPH se indica que “Algunos científicos y autoridades de salud pública creen que la energía de RF puede afectar la salud” explicando que “aunque la comunidad científica no ha llegado a un consenso sobre los riesgos del uso del teléfono celular, la investigación sugiere que el uso a largo plazo puede afectar la salud“. Espera, espera, espera… ¿Un organismos público del que depende la Salud Pública de un estado como California publica una guía porque hay científicos que “creen” y sobre la base de una falta de consenso científico? Querría saber qué dirán sobre el té de la tetera de Russell. En la guía se dice que “el uso prolongado y frecuente de teléfonos celulares puede estar relacionado con ciertos tipos de cáncer y otros efectos de la salud, como:

• Cáncer cerebral y tumores del nervio acústico y las glándulas salivales.
• Conteo bajo de esperma y esperma inactiva o menos móvil.
• Dolores de cabeza, efectos sobre el aprendizaje y la memoria, la audición, el comportamiento y el sueño”.

E insisten en que “estos estudios no establecen un vínculo definitivamente. Sin embargo, los científicos no están de acuerdo si los teléfonos celulares causan problemas de salud y qué tan grandes serían los riesgos“.

Así que me sorprendió mucho que un organimo como el CDPH lanzara una llamada de alarma por creencias y sin consenso científico, parece una irresposnabilidad pues, si bien las revisiones sistemáticas más recientes relativas a estos aspectos que se indican en la guía concluyen lo contrario (ver sección ¿Falta información?) e incluso la web de la OMS, que se cita en la propia guía, indica que no hay evidencias, ésta se edita, según ellos, para orientar a aquellas personas que, añado yo, sin motivo, quieran reducir su exposición a radiofrecuencia.

Entre las recomendaciones hay dos que me llaman mucho la atención:

  1. No duerma con el teléfono cerca. A pesar de que su emisión en los momentos de inactividad es muy reducida y la exposición media nocturna es generalmente muy baja.
  2. No use escudos antiradiación. Esta es muy interesante pues alertan del uso de esas fundas que dicen apantallan la radiación pues lo que consiguen, si acaso, es el efecto contrario y por tanto se trata de un fraude (aportan incluso enlaces sobre este posible timo).

Por tanto, por decirlo de alguna manera, la guía da una de cal y otra de arena. Por un lado dice que no hay evidencia sólida ni consenso científico (lo cual no es del todo correcto), por otro alerta sobre posibles riesgos no demostrados, y por otro lado, proporciona métodos para reducir la exposición que, sin duda, conseguirán, reducción, aunque innecesaria, a los niveles de exposición habituales (para una revisión reciente léase Sagar et al., 2017). ¿Qué está pasando? Es raro que no quieras alarmar, al tiempo que dices que hay efectos sobre la salud, insistes en varias ocasiones que no están demostrados, pero sugieres que se reduzca la exposición…

¿Qué conseguirán en cualquier caso? Pues creo que, sin duda, alarmar a la sociedad e inducir malinterpretaciones como la que recojo en el título de este post o la publicación de noticias como las recogidas en CBS News. En ellas se hace un refrito de todas las cuestiones alarmantes relativas a los teléfonos móviles, alimentando el miedo y sin destacar debidamente que todas ellas, no se fundamentan en evidencias concluyentes. Así, en estas publicaciones, se insiste en la clasificación de la radiación de los móviles como posibles cancerígenos (grupo 2B, como siempre olvidando explicar qué quiere decir eso y sin decir que en ese grupo está al café y los encurtidos) o se usan estudios “in vitro” para obtener interpretaciones “in vivo”.

Una vez activada la alerta magufa, me puse a investigar un poco. En las noticias de CBS citan al Dr. Joel M. Moskowitz de la School of Public Health de Berkeley. He buscado en JCR y está especializado en estudios sobre el tabaco pero no tiene publicaciones sobre campos electromagnéticos de radiofrecuencia (CEM-RF). Entonces ¿por qué lo citan? Pues es el responsable del lanzamiento de la guía ¿por qué? porque demandó al Estado de California por no publicar los borradores que tenían de una guía como ésta desde hace tiempo (probablemente fueron cautos al no tener evidencia científica contundente para larzar tal alarma). Así, en marzo de 2017, la Corte Suprema de Sacramento le dio la razón a Moskowitz y condenó al CDPH a publicar la guía. Él dice que el objetivo no es alarmar, que fue justo lo que el CDPH argumentó en el juicio para no publicarla, dada la falta de evidencia concluyente. La postura de Moskowitz es que “la Ciencia está evolucionando” y, por tanto, la gente debe estar informada. No obstante, no es cierto. La Ciencia no ha cambiado su posicionamiento pues, entre otros, la Comisión Federal de Comunicaciones (CFC) o la Food and Drugs Administration (FDA) supervisan periódicamente la investigación científica sin que haya nuevos indicios o pruebas de esa posible relación, por lo que un cambio o una alerta así es innecesario y poco recomendable.

Entonces, ¿no tendrá Moskowitz algún interés especial en difundir miedo aunque diga que el objetivo es el contrario? Pues bien, Moskowitz mantiene el, muy activo, blog “Electromagnetic Radiation Safety” en el que, entre otras muchas cosas, hace recuento del impacto de su victoria legal con más de 47 países y más de 100 reseñas de la publicación de esta guía, incluidos sites en España (como EcoAvant o MundoOculto). En el blog, cita otra guía similar publicada en 2005 por el Departamente de Salud Pública de Connecticut, pero en este caso las afirmaciones que contiene son mucho más agresivas, con mucho menos cuidado y sin los matices que incluye la de California y, sin duda, extremadamente alarmantes y peligrosas y, sobre todo, sin evidencia científica que los sustente. Pero, acabáramos… Moskowitz aparece como codirector/cofundador, junto a Elisabeth Kelley y Martin Blank, de la web www.EMFScientist.org. ¿Te suenan ya estos nombres? la primera participó en la “declaración científica internacional de Madrid” que promovió Bardasano, el asesor de DSalud, mientras que el segundo es el editor de la revista no indexada en JCR, Pathophysiology, que publicó en un special issue, el muy cuestionable informe Bioinitiative a pesar de las críticas de parcialidad y falta de rigor. Moskowitz, en su web, defiende el informe Bioinitiative atacando vehementemente a quien lo critica y, periódicamente, publica frases como “Radio frequency radiation should be classified as “carcinogenic to humans” (Group 1)“, que es el grupo en el que está el tabaco y el alcohol, usando como fuente fiable que justifique dicha afirmación, el propio informe Bioinitiative, ¿no es flipante? Se vuelve a cerrar otro círculo.

Con todo esto, ¿qué puedo decir? Pues que las consecuencias, intereses y ramificacionesdetrás del informe Bioinitiative son mucho mayores de lo que podríamos pensar. La guía de Connecticut y, ahora, la de California por orden judicial y con muchos matices que justifican ese doble enfoque, probablemente por las reticencias lógicas a su publicación, tienen un claro interés alarmista. Pretenden infundir miedo en una población ya, de por sí, temerosa por todo lo que se publica sobre este tema. Y hasta ahora, tanto el informe Bioinitiative, la declaración “científica internacional” de Madrid de Bardasano o esta nueva guía tienen un hilo conductor común: la falta de rigor científico a la hora de llegar a conclusiones, usando las mismas fuentes cuestionables y mezclando resultados “in vitro” con extrapolaciones “in vivo”, a pesar de los valores habituales a los que se encuentra expuesta la población. Ambas guías, parecen haber sido promovidas por un grupo de personas que, o bien plantean serias dudas sobre su independencia o no son científicos de reconocido prestigio en campo que nos ocupa. Así que no sé si el objetivo es alimentar empresas como Sage Living (la empresa de la hija impulsora del informe Bioinitiative), buscan notoriedad pública, o qué, pero el caso es que están organizados, son muchos y la Ciencia, realmente, les importa poco.